martes 16 de noviembre de 2010

EL SUEÑO DE LOS ESCRITORES MUERTOS VIVIENTES (LA PARTE DE PAPÁ HEMINGWAY)


Esta entrada del diario fue presentada en el "Encuentro interestelar de bloggers", en Gijón. Es el primer texto de un proyecto en marcha.


Tengo un sueño recurrente en las últimas semanas. Sueño que hay un virus que provoca que los escritores muertos se levanten de sus tumbas. Un ataque de escritores zombis. Escritores que han vuelto a la vida, por alguna razón por investigar. Y alguien lo hará. Alguien lo tendrá que investigar. Es un sueño que se repite. Cada día tengo el mismo sueño con zombis diferentes. Como si fuesen capítulos de una serie. El ataque de los escritores muertos vivientes. Tendré que hacérmelo mirar.


Hoy he soñado con uno de esos zombis. Hoy le tocaba el turno a Ernest Hemingway. No sé a qué se debe, pero en el sueño, el viejo Ernest, lo primero que ha hecho ha sido venirse a España. Ha cogido un avión y se ha plantado en Madrid. Con su aspecto de muerto viviente y todo. Ahí lo tienes. Ahí está. Hemingway con la ropa andrajosa, la piel cayéndose a jirones y una escopeta para cazar elefantes en la mano derecha. Ahí está, el mismísimo Hemingway caminando por la Gran Vía. Y como la gente en sueños hace lo que le viene en gana, Ernest dice que tiene hambre, acaba de levantarse de entre los muertos y tiene hambre. Así que entra en el Dunkin Donuts de Gran Vía. Entra en el Dunkin Donuts de Gran Vía y pide una caja de veinte Donuts de distintos colores. Después Papá Hemingway ensarta los veinte donuts en su escopeta de cazar elefantes y se los va comiendo uno a uno entre el tráfico Gran Vía. Y la gente le grita que se aparte. La gente le dice: “Apártate, viejo de mierda”. Pero él no lo hace, a él no le importa, porque él es Hemingway y ellos no. Después, sigue su camino.




Ernest tiene un pañuelo de San Fermín al cuello y la ropa manchada de la sangre derramada el último día de su vida. Ernest lleva la barba blanca y la ropa roja de sangre. Por eso los niños se acercan a él. Porque los niños le han confundido con Papá Noel. Han confundido a Papá Hemingway con Papá Noel. Porque lleva la ropa roja, la barba blanca y el azúcar de los donuts por la cara. Los niños le piden regalos. Hemingway no comprende. Los niños quieren regalos de Papá Hemingway. Hemingway se enfada. Dice que no es Papá Noel. Dice que es el padre del cuento norteamericano. Pero los niños quieren regalos. Le piden una "Play". Le piden una "Oui". Le piden el deuvedé de “Avatar”. Y Ernest Hemingway no comprende. Tiene la ropa roja, la barba blanca, el azúcar en la cara. Los niños le persiguen entre el tráfico de la Gran Vía. Él es un escritor macho y no quiere que le confundan con Papá Noel. Pero los niños corren detrás de él como una jauría de perros hambrientos y le piden regalos. Han sido buenos y quieren regalos. Papá Hemingway se harta, se sube al capó de un coche, y dice que si quieren regalos, tendrán regalos. Así que Hemingway se baja los pantalones. Sí. Se baja los pantalones hasta los tobillos. Para que sepan que se trata de un escritor macho y no de Papá Noel. Para que sepan que es Papá Hemingway con un miembro XL, con un miembro grande, con un miembro enorme como la mismísima América. Pues claro. Tomad regalo, dice, Ernest, tomad regalo, queridos amiguitos. Y así demuestra que no es Papá Noel. Se trata de Ernest, el gran Ernest, el amante de la muerte, el hombre de Polla XL, y Olé.

Y los niños se van felices y Ernest sigue sosteniendo su escopeta para cazar elefantes en la mano derecha. Pero no va a cazar elefantes. Ha dicho que tiene otra misión. Ha dicho: “Me la sudan los elefantes”. Ha dicho: “Voy a cargarme a todos esos hijos de puta que dicen que yo estuve allí”. Todos esos bares, restaurantes, hoteles, donde dicen que estuve allí y en los que no estuve. Voy a cargarme a todos los que tengan en su establecimiento un cartel con el lema: “Hemingway estuvo aquí”. Pero no voy a quitar el cartel. Eso no. Nada de eso. Ya no hace falta. No voy a quitar el cartel de “Hemingway estuvo aquí.” El cartel lo dejaré. Porque a partir de ahora va a ser cierto que Hemingway estuvo allí. Estuvo allí y se los cargó a todos. Se deshizo de los horteras, de los hijos de puta, de los que me llaman padre del cuento norteamericano.




Hemingway en mi sueño es un zombi con una misión. Y va por ahí disparando, como un viejo iluminado, como un loco, como el poeta que nunca fue, como un Papá Noel de miembro XL.

Los críticos literarios se han enterado de que Hemingway anda paseando su figura de muerto viviente por la ciudad. Y pierden el culo, los críticos. Y dejan los canapés de la presentación del último libro de Almudena Grandes. Y corren detrás del zombi Hemingway, tienen tanto que preguntar, tantas cosas que quisieran saber, que salen corriendo. Y dejan a Almudena colgada. Y Almudena Grandes no sabe qué hacer. Ni qué decir. Y no dice nada. Así que coge su última novela, coge el tocho que está presentando. Y aunque cuesta esfuerzo sostenerlo, y aunque no es fácil coger el ladrillo, ella lo hace. Porque ella es Almudena y puede con todo. Coge el tocho grande y lo lanza, con auténtico estilo de atleta. Se lo lanza a los críticos a la cabeza. Y a alguno le acierta en la cabeza con el tocho, qué puntería la de Almudena. Y un ladrillazo así duele de verdad. Por eso algunos críticos caen desplomados al suelo. Los más rápidos salen corriendo y esquivan el libro de Almudena. Y salen a toda velocidad. Porque quieren ver al escritor zombi. Quieren ver su barba blanca, su ropa roja, su Polla XL y Olé. Quieren saber las razones de su vida, de su obra y de muerte. Quieren saber. Y corren, corren en manada, y se empujan para llegar primeros, y caen al suelo, y se levantan de nuevo, y siguen su camino. Siguen corriendo hasta llegar a Ernest.





Y los críticos dan alcance a Hemingway y aunque es él quien tiene el arma, son ellos los que le acribillan a preguntas. Por qué terminar así, de ese modo, le preguntan a Ernest. Y Hemingway les responde. Es muy sencillo. Es tan sencillo que da la risa. Que da asco. Que dan ganas de llorar. Es tan sencilla la respuesta a las preguntas de los críticos. Papá Hemingway dice que vivió como murió: cortando el final. “Cortaba el final de mis cuentos para que quedasen mejor. Eso hacía. Para que molasen más. Como Chejov. Como los rusos. Y qué bien le quedaba a Chejov los cuentos sin final. Molaba todo. Porque hay que ver qué bien escribían los rusos. Y es que con frío se debe escribir mejor. El frío es artístico. Con frío se escribe y con calor se folla. Todo el mundo lo sabe. Literatura rusa. Eso es calidad. Literatura caribeña. Bueno… Pues mejor ponme un mojito.” Eso dice Papá Hemingway, qué racista, qué simpático el cabrón. Pero después retoma el tema. Ese era mi mérito, todo mi mérito, dice Hemingway, quitarle el final a los cuentos. “Hice lo mismo con mi vida. Le corté el final. Así era más interesante. Antes de que llegase el miembro flácido XL, y no pudiese matar elefantes y los niños me confundiesen con Papá Noel”. Tanta tesis para esto. Cortar el final de los malditos cuentos. Cortar el final de la maldita vida. Eso. Ya ves.



Y Hemingway sigue su camino. Hemingway quiere tomar algo fuerte. Entra en Chicote, lugar mítico donde los haya, templo de cócteles, de felaciones y de no sé qué más. Pero Chicote ya no es lo que era cuando vivía Ernest. Hay gente que el viejo no comprende. Está Cayetana Guillén Cuervo. Está Juan Cruz, que siempre está allí donde le necesitan, siempre le necesitan, y él acude, porque un gran poder conlleva una gran responsabilidad. Y también está Alaska. Y Alaska mira a Hemingway. Y le dice: “Mi novio es un zombi. Es un muerto viviente”. Hemingway no comprende. No sabe que se trata de una canción de Alaska. Y repite: “Mi novio es un zombi. Es un muerto viviente”. Y señala a su lado a un hombre. A su novio. A su zombi particular. Es Mario Vaquerizo. ¿Y qué hace Mario Vaquerizo al ver a Ernest Hemingway, con su barba blanca, con su ropa roja, con su miembro XL? ¿Qué hace? Pues poner morritos. Mario Vaquerizo le pone morritos a Hemingway. Y Hemingway no comprende nada. Y aunque realmente aquí sí que estuvo Ernest, saca su escopeta de cazar elefantes. Y entonces Mario Vaquerizo sí que pone morritos de verdad. Qué mundo tan extraño, piensa Hemingway. Y comienza a disparar, como si no hubiera mañana, que no lo hay, y dice: “Ahora Hemingway sí que estuvo aquí”. Ja.



Y después Ernest sale a la calle y respira la refrescante polución de las diez de la noche en la Gran Vía, y se sube en marcha a uno de esos autobuses turísticos de dos plantas, de color rojo, del mismo color que la sangre de Ernest, que la sangre de los críticos, que la sangre de Almudena Grandes, que la sangre de Mario Vaquerizo, que la sangre de Juan Cruz, que la sangre de todos, y cuando Ernest se sube a la segunda planta del autobús turístico, los japoneses le hacen fotos sin parar. Y Ernest posa y saca músculo, y pone morritos como le ha enseñado Mario Vaquerizo. Y se asoma a la barandilla del autobús. Y abre los brazos como un Cristo resucitado. Y grita que es el rey del mundo como si se tratase de Di Caprio en Titanic. Y dispara a la luna con su escopeta de matar elefantes. Y no acierta en el blanco. Y sigue disparando. Y después ¿qué? Y después nada. Después me despierto de mi sueño. Y ya está.

Se termina, se acaba el sueño. Porque a los sueños, como a los cuentos, lo mejor es cortarles el final. O algo así decían los rusos. Eso creo recordar. O algo parecido. No sé. Qué importa. Ernest sigue su camino subido a un autobús turístico, con su escopeta de cazar elefantes hacia algún lugar que desconozco, que en mi sueño quizá llego a intuir, pero que cuando despierto no hay duda de que he olvidado. Y quién sabe, quizá sea mejor así. Y nada más. Ya está.

31 comentarios:

  1. Éste es un trabajo para Nick Belane.

    ResponderSuprimir
  2. ¡Qué bueno! Qué cabrón (con todo mi respeto, claro): la imagen de Ernest ensartando donuts con su escopeta de cazar elefantes en gran vía me parece genial. Por cierto, supongo que te lo habrán dicho muchas veces, tienes un toque "Vilasiano"

    Saludos y respetos.

    ResponderSuprimir
  3. Me pareció genial tu intervención en Gijón, ahora leo el texto y me vuelvo a descojonar. Espero sinceramente que haya nuevas entregas de "los escritores muertos vivientes".
    Un saludo

    ResponderSuprimir
  4. Sí, sin duda es un trabajo para Nick Belane, no lo había pensado. Gracias, tournesols. Sí, Collage me lo han dicho lo del toque "Vilasiano". En concreto, por este texto. Pero cuando al inicio del diario también me lo dijeron, y no es por justificarme, que también, juro por mi dillingeriana persona que todavía no lo había leido. Pero sí, es cierto. Gracias por lo de "cabrón", je. Un saludo.

    ResponderSuprimir
  5. Angus, gracias. Encantado de conocerte en Gijón y espero que volvamos a vernos aquí o allá o donde quiera que sea. Habrá nuevas entregas en breve de los muertos vivientes, sin duda.

    Un abrazo dillingeriano.

    ResponderSuprimir
  6. Que hoy en día sea un elogio decir que algo "merece ser colgado" es una señal de lo mucho que ha influido la tecnología digital en el lenguaje. Este texto merecía ser colgado y expuesto a la vista del pueblo, para su escarmentador provecho, por un tiempo indefinido, y se ha hecho justicia.

    ResponderSuprimir
  7. Me ha encantado eso de "merece ser colgado", Camilo. Muchas gracias. Ha sido un placer haber coincidido contigo, que espero se repita pronto. Un abrazo.

    Gracias, Francisco, y un saludo.

    ResponderSuprimir
  8. Se dice que Hemingway tuvo un romance con Florinda Chico.

    ResponderSuprimir
  9. ...Yo no estuve en Gijón, de hecho, me volví de Madrid sin que nos viéramos...
    ...Si llego a saber que en Gijón ibas a leer esto habría ido a escucharte: me habría puesto a hacer auto-stop a la salida de la M-40, y habría esperado que pasara un coche rojo y descapotable conducido por una mujer parecida a Ava Gardner, tan parecida a Ava Gardner que diera miedo, entonces habría puesto el pulgar de auto-stop y si ella hubiera parado el coche y me hubiera hecho señas para que subiera pues yo habría subido y le habría preguntado si iba a Gijón, y si me hubiera dicho que no, que se había propuesto cruzar la frontera o cualquier otra cosa le habría dado dinero y la habría convencido para que llegáramos allí, escuchando rock and roll, hasta Gijón, y a que aparcara derrapando justo delante del lugar donde os encontrásteis los blogueros, justo al principio de tu intervención, y la habría convencido para construir una piscina igual que la de Finca Vigía, cerca de La Habana, y la habría convencido, a esa Ava Gardner del siglo XXI, para que se desnudara para ti, y para que se metiera en esa piscina recién construida, y nadara como nadaba Ava Gardner en esa piscina mientras Hemingway ejercía de padre del cuento norteamericano y la miraba de reojo, estoy convencido que la miraba de reojo, porque uno no puede ejercer de padre del cuento norteamericano ni escribir una sola línea en un lugar como Finca Vigía, si tiene a Ava Gardner desnuda nadando en su piscina, porque hay que tener en cuenta, que Hemingway no tenía una Ava Gardner en blanco y negro nadando en su piscina, sino a Ava Gardner en carne y hueso, DESNUDA, nadando en su piscina...
    ...Y nada, que creo que te habría hecho muy feliz que te hubiera llevado a esa Ava Gardner de la autopista, y yo me habría quitado el sombrero por este Sueño de los escritores muertos vivientes, mientras te miraba leer y miraba, de reojo, a Ava Gardner nadando desnuda en esa piscina recién construida para ti...
    ...Yo siempre pensé que lo mejor que había hecho Hemingway en La Habana, en general, metiéndolo todo en el mismo caso, beber, escribir, pelearse, vivir y todo eso, lo mejor que hizo, digo, fue tener a Ava Gardner nadando desnuda en su piscina...
    ...Así cualquiera...
    ...Un abrazo, hermano, y lo dicho, me quito el sombrero...

    ResponderSuprimir
  10. Je je je, cuando he visto citado al autor de Legos revueltos en el pavimento me he solidarizado con la escopeta de Hemingway.
    Que Viva el muerto! Doble tapón de corcho para la escopeta! Me gustaría ver a Hemingway disparar su escopeta (con dos tapones de corcho e hilo robado de cobre, si es posible) ante la primera petición de autógrafo de algún mártir.

    Saludos, Dillinger.

    ResponderSuprimir
  11. Pollotriste: ¿?

    Miguel Ángel: Gracias, y nos vemos pronto. Con Ava o sin Ava. Mejor con Ava, claro. Acabo de recordar que este año Isaki Lacuesta ha realizado un documente, "La noche que no acaba", sobre Ava, y todavía no lo he visto. Y eso. Gracias, hermano, nos vemos.

    Señor Kaplan: Saludos Viktor. !Y que viva el muerto!

    ResponderSuprimir
  12. ¡BRAVO! Maestro Dillinger que alturas tan geniales remontaste con éste relato.
    Y siempre sin perder el espíritu Hemingwayano aún post mortem.
    Todo elogio se queda corto.

    ResponderSuprimir
  13. Sin duda, a Manolo Vilas le va a encantar cuando lo lea, ja, ja. Me quedo con la imagen de Ernest ensartando donuts en el cañón de su escopeta por la Gran Vía. Me ha encantado. Un saludo.

    ResponderSuprimir
  14. Saludos Céfiro. Y otro saludo para ti.

    Dillinger.

    ResponderSuprimir
  15. Buenísimo. Me alegra encontrar miradas diferentes de vez en cuando sobre los supuestos "intocables". Buen estilo. Saludos!

    ResponderSuprimir
  16. soy más de soñar con sus nietas

    ResponderSuprimir
  17. http://www.rtve.es/contenidos/documentos/vargas_llosa-lecture_sp.pdf

    ResponderSuprimir
  18. "La Humanidad está compuesta por muchos más muertos que vivos." Auguste Comte.

    ResponderSuprimir
  19. "La vida de los muertos está en la memoria de los vivos." Marco Tulio Cicerón.

    ResponderSuprimir
  20. "Nada es más fácil que censurar a los muertos." Julio César.

    ResponderSuprimir
  21. Saludos Dandybrandy a usted y a las nietas.

    Bienvenidas son esas citas, Anónimo.

    ResponderSuprimir
  22. El ataque de los escritores zombis... ¿Qué escritor, qué poeta loco los sometería a una coreografía demencial? ¿Quién haría el papel de Michael Jackson de las letras, comandando a una legión de muertos desenfrenadamente lúbricos en un nuevo Thriller aún más cutre, más posmoderno y más sangrante?

    Piénsalo, Dillinger

    saludo la resurrección de tu blog,

    un abrazo

    ResponderSuprimir
  23. Querido Stalker, yo saludo y celebro verte por aquí. Quizá la respuesta a tu pregunta la puedas leer dentro de poco. Este texto es el primero de una serie en la que estoy trabajando, con más escritores muertos vivientes que poco a poco irán levántandose de sus tumbas en este diario.

    Un abrazo, Stalker.

    ResponderSuprimir
  24. jajaja, qué bueno tropezar con este blog....
    fue un sueño real??

    ResponderSuprimir
  25. Dillinger, ¿ya cerraste el blog? Lo digo para no pasarme cada tanto por aquí... Como llevas uno seis meses sin publicar (con la excepción del brillante discurso de Gijón).

    ResponderSuprimir
  26. Diana, cómo tú prefieras...


    Anónimo, no, no he cerrado el blog. Simplemente lo he tenido abandonado por falta de tiempo durante una temportada. Supongo que debe ser una pesadez pasar y ver siempre la misma página que no es actualiza. La idea es que en breve vuelva a escribir en el diario y a partir de ahora actualizar una vez a la semana. Gracias por el interés.

    DILLINGER

    ResponderSuprimir
  27. Tio, tio
    No lo he podido evitar. Estoy viendo la serie que se llama "Black Books'. No se si esta doblada en españa pero no puedo evitar pensar en ti, por el personaje que se llama Brendan. dios que bueno es. Y la ha escrito, la serie, el mismo.
    Ayer le saltó a su ayudante: = no te readmitiria ni que fueramos los ultimos sobre la tierra, la tierra se estuviera quemando, yo me estuviera muriendo de hambre, tu tuvieras un aliento magico extinctor y mangas que dispararan panchitos!
    ji.

    ResponderSuprimir

Datos personales

Mi foto
Diariodillinger@gmail.com