1979. Cumplo dos años. El tiempo pasa inexorable. Dos años. Ya soy casi un anciano. Ya estoy a un paso de la muerte. 1979.
¿Qué recuerdos tengo yo de mi paso por de 1979? No recuerdo nada. Pero después sí. Después sí que recuerdo. Recuerdo que en 1979 apareció el London Calling de The Clash. Pero yo a los dos años no vivía en Londres ni en Madrid, ni siquiera en una ciudad. Vivía en un pueblo de apenas quinientos habitantes. Era un niño de dos años en un pueblo de quinientos habitantes. Y mientras tanto Joe Strummer cantaba London Calling. Pero Joe Strummer no sabía nada de todo esto. Y tampoco creo que Joe supiera que en 1979 le entregan el Premio Cervantes a Borges. ¿Borges, de gusto tan anglosajón, sabría algo de Joe Strumeer? No creo. Pero a lo mejor mientras Borges recibía el Premio Cervantes Joe Strummer cantaba London Calling. ¿Y Joe Strummer sabía algo de Borges? ¿Leyó el Aleph en alguna ocasión? No lo sé. Eso no importa nada. Nada. Y es por eso que lo escribo. ¿Por qué escribir sobre lo que importa pudiendo escribir sobre lo que no importa?
En 1979 Woody Allen dirigió Manhattan. Así que mientras Woody Allen estrenaba Manhattan Borges recibía el Premio Cervantes y Joe Strummer cantaba London Calling. Y yo estaba en un pueblo de quinientos habitantes jugando con un coche de plástico amarillo o de plástico azul o de plástico rojo. Yo estaba dirigiendo mi propia road movie por los campos de castilla. En 1979.
En 1979 no sabía nada de Ricardo Piglia ni de Edgar Hilsenrath, que son los autores que estoy leyendo en este momento. Pero recuerdo algo de 1979. Recuerdo un garaje que era una antigua sala de baile de los años cincuenta. Recuerdo las paredes empapeladas de recortes de revistas de cine con fotos de actrices de la época. Recuerdo un viejo tocadiscos. Recuerdo un baúl que tenía discos de La voz de su amo y tebeos llenos de polvo, con páginas arrancadas, con manchas que el tiempo había abandonado en sus portadas. Y Joe Strummer cantaba London Calling y yo jugaba con coches de plástico.

En 1979 Woody Allen dirigió Manhattan. Así que mientras Woody Allen estrenaba Manhattan Borges recibía el Premio Cervantes y Joe Strummer cantaba London Calling. Y yo estaba en un pueblo de quinientos habitantes jugando con un coche de plástico amarillo o de plástico azul o de plástico rojo. Yo estaba dirigiendo mi propia road movie por los campos de castilla. En 1979.
En 1979 no sabía nada de Ricardo Piglia ni de Edgar Hilsenrath, que son los autores que estoy leyendo en este momento. Pero recuerdo algo de 1979. Recuerdo un garaje que era una antigua sala de baile de los años cincuenta. Recuerdo las paredes empapeladas de recortes de revistas de cine con fotos de actrices de la época. Recuerdo un viejo tocadiscos. Recuerdo un baúl que tenía discos de La voz de su amo y tebeos llenos de polvo, con páginas arrancadas, con manchas que el tiempo había abandonado en sus portadas. Y Joe Strummer cantaba London Calling y yo jugaba con coches de plástico.

En 1979 yo no sabía qué loco te puedes volver, qué hermoso te puedes volver, qué sol hace en Madrid en verano a las tres de la tarde y cuántos amigos tendría en Facebook.
¿Qué hacía Nancy Sinatra en 1979? ¿Qué hacía la voz de Nancy Sinatra en 1979? ¿Qué hacía Dennis Hopper en 1979? ¿Qué hacía la primera chica qué besé? ¿Qué hacían todos en 1979?
En 1979 Adolfo Suarez gana las elecciones. Y tampoco creo que Adolfo Suarez escuchase a Joe Strummer.
En 1979 todavía no pensaba que la normalidad no existe. Que la normalidad es un tópico, una falacia, nada. Que a poco que mires bajo la alfombra ves los laberintos que hay tras la supuesta normalidad. Pero yo no lo sabía en 1979.
Después de 1979 nunca he pensado en 1979. En 1979 no sé cuántos días llovió. Y es evidente que esto no es importante y es por eso que me interesa.
Smashing Pumpinks tiene una canción que se llama 1979 que no me gusta nada. Pero en 1979 Joy Division sacaban su disco Unknown Pleasures. La primera vez que lo escuché fue como no escuchar nada. Años después lo volví a escuchar y ya no me lo saqué de dentro.
En 1979 Spielberg estrenó una película cuyo título es, 1941 que no he visto nunca y que creo que nunca veré. ¿Qué me queda por ver? En 1979 no estaba obsesionado por las cantidades, pero ahora sí.
Por eso me pregunto cuántas mujeres hermosas pasaron cerca de mí en 1979.
En junio de 1979 no sé cómo pasaba la primavera ni de qué manera se acercó el verano.
En 1979 no sé qué cuántas lágrimas derramaron los hombres a lo largo de la tierra. No sé qué cuántos polvos se echaron ese año en España. No sé cuántas raciones de calamares se sirvieron en Madrid. En 1979 no sé si había gente haciendo grafittis en Madrid, ni cuántos yonquis intentaban pillar heroína ni quién vivía en la casa en que ahora vivo. En 1979 no sé cuántos orgasmos hubo en Madrid, cuántos muertos por herida de bala, cuántas canciones que nadie recordará. En 1979 sé que yo tenía dos años y poco más. Que por la noche el tejado de mi casa se llenaba de gatos. Que soñaba con esos gatos. Que todavía hoy puedo oír los gatos que corren por el tejado. Que no puedo imaginar la vida antes de mí. Que apenas me la creo.
En 1979 no sabía quién era Dillinger.
En 1979 no sabía dónde estaba Madrid. Yo no vivía en Madrid. En 1979 no sabía dónde estaba la plaza del Dos de Mayo. No sé quién había en la plaza del Dos de Mayo.
En noviembre de 1979 a lo mejor fui con mis padres a poner flores a los muertos, pero no lo recuerdo. En noviembre de 1979 a lo mejor llovió y yo miré la lluvia, pero no lo recuerdo. En noviembre de 1979 cumplía dos años y a lo mejor lloré y a lo mejor vi un avión rasgar el cielo, pero ya no lo recuerdo. Entonces ¿qué importa todo eso?
En 1979 muere Sid Vicious y yo entonces tampoco sé quién es Sid, pero después sí que supe quién era. Después lo supe. Después me compré discos de los Pistols. Después vi Sid y Nancy. Después caminé por Londres y me acordé de Sid. Y me acordé de Nancy. Y me acordé de los punks que ya no existían. Y me acordé de que en 1979 moría Sid Vicious y yo cumplía dos años. ¿Y qué hacía yo con dos años?
En 1979 se estrena Barrio Sesamo en España. Debería escribir algo sobre eso. Un poema. Una oda. Un homenaje. Hay que dar un premio a toda la gente que alegra la infancia de los demás. Ya hay demasiada gente jodiéndola. Barrio Sesamo. Qué perfección. Qué maravilla. Viva Coco.
En junio de 1979 no sé cómo pasaba la primavera ni de qué manera se acercó el verano.
En 1979 no sé qué cuántas lágrimas derramaron los hombres a lo largo de la tierra. No sé qué cuántos polvos se echaron ese año en España. No sé cuántas raciones de calamares se sirvieron en Madrid. En 1979 no sé si había gente haciendo grafittis en Madrid, ni cuántos yonquis intentaban pillar heroína ni quién vivía en la casa en que ahora vivo. En 1979 no sé cuántos orgasmos hubo en Madrid, cuántos muertos por herida de bala, cuántas canciones que nadie recordará. En 1979 sé que yo tenía dos años y poco más. Que por la noche el tejado de mi casa se llenaba de gatos. Que soñaba con esos gatos. Que todavía hoy puedo oír los gatos que corren por el tejado. Que no puedo imaginar la vida antes de mí. Que apenas me la creo.
En 1979 no sabía quién era Dillinger.
En 1979 no sabía dónde estaba Madrid. Yo no vivía en Madrid. En 1979 no sabía dónde estaba la plaza del Dos de Mayo. No sé quién había en la plaza del Dos de Mayo.
En noviembre de 1979 a lo mejor fui con mis padres a poner flores a los muertos, pero no lo recuerdo. En noviembre de 1979 a lo mejor llovió y yo miré la lluvia, pero no lo recuerdo. En noviembre de 1979 cumplía dos años y a lo mejor lloré y a lo mejor vi un avión rasgar el cielo, pero ya no lo recuerdo. Entonces ¿qué importa todo eso?
En 1979 muere Sid Vicious y yo entonces tampoco sé quién es Sid, pero después sí que supe quién era. Después lo supe. Después me compré discos de los Pistols. Después vi Sid y Nancy. Después caminé por Londres y me acordé de Sid. Y me acordé de Nancy. Y me acordé de los punks que ya no existían. Y me acordé de que en 1979 moría Sid Vicious y yo cumplía dos años. ¿Y qué hacía yo con dos años?
En 1979 se estrena Barrio Sesamo en España. Debería escribir algo sobre eso. Un poema. Una oda. Un homenaje. Hay que dar un premio a toda la gente que alegra la infancia de los demás. Ya hay demasiada gente jodiéndola. Barrio Sesamo. Qué perfección. Qué maravilla. Viva Coco.
1979. Ya tengo dos años. Y cuando yo tengo dos años muere Virgilio Piñera, del que años después leeré el cuento Insomnio, que terminaba diciendo: “El hombre está muerto pero no ha podido quedarse dormido. El insomnio es una cosa muy persistente”. Esto supongo que es un spoiler. En 1979 no sabía lo que era un spolier. No existían los spoiler. O no como se conocen hoy. Tampoco tenía insomnio en 1979. Hoy sí que tengo. De vez en cuando. No a menudo, pero sí de vez en cuando. El insomnio es un estado curioso y torturado. La teletienda le debe muchos favores al insomnio. Tantos favores. Todos le debemos favores a alguien. Incluso el insomnio debe favores. La teletienda. Con insomnio he visto cuchillos que cortan zapatos y cuchillos que cortan filetes. Con insomnio he visto muchos cuchillos. Y chicas de las que olvidé el nombre, pero no las piernas. Las piernas, no.
Si Virgilio Piñera escribiera hoy su cuento Insomnio algo diría de la teletienda. Lo mismo decía: “El hombre está muerto pero sigue viendo la teletienda. La teletienda es una cosa muy persistente”.
En 1979 ya tengo dos años. Dos años de los que nada recuerdo. Dos años como si no fueran míos, pero fueron. 1979. Recuerdo un coche de plástico, recuerdo el cielo recortado en una ventana. Recuerdo una canción que alguien silbaba y no sé de dónde venía. Recuerdo baldosas frías, pasillos largos, balcones que daban al horizonte. 1979.
Recuerda un SIMCA rojo, recuerdo un sofá de skay, recuerdo una tele que se veía mal. Recuerdo una carta de ajuste. Recuerdo cromos de fútbol y recuerdo cromos de coches. O quizá aquello fue más tarde. Sí. Fue más tarde. Pero necesito llenar de contenido los años vacíos. Me hago prestamos de unos años a otros para equilibrar de ese modo la cantidad de recuerdos. Qué raro.
En realidad todo esto es mentira. No recuerdo nada de 1979. Nada.
En 1979 yo era alguien que no sabía quién era. Tenía dos años. No recuerdo nada y sin embargo tengo la certeza de que tampoco he cambiado tanto desde entonces. Bueno, ahora tengo más barba, unas gafas de sol chulísimas y una biblioteca que te cagas. Y pronuncio mejor la palabra: “Mamá”. Pero pronuncio igual de mal la palabra: “Papá”.
Y no sé qué más.
Si Virgilio Piñera escribiera hoy su cuento Insomnio algo diría de la teletienda. Lo mismo decía: “El hombre está muerto pero sigue viendo la teletienda. La teletienda es una cosa muy persistente”.
En 1979 ya tengo dos años. Dos años de los que nada recuerdo. Dos años como si no fueran míos, pero fueron. 1979. Recuerdo un coche de plástico, recuerdo el cielo recortado en una ventana. Recuerdo una canción que alguien silbaba y no sé de dónde venía. Recuerdo baldosas frías, pasillos largos, balcones que daban al horizonte. 1979.
Recuerda un SIMCA rojo, recuerdo un sofá de skay, recuerdo una tele que se veía mal. Recuerdo una carta de ajuste. Recuerdo cromos de fútbol y recuerdo cromos de coches. O quizá aquello fue más tarde. Sí. Fue más tarde. Pero necesito llenar de contenido los años vacíos. Me hago prestamos de unos años a otros para equilibrar de ese modo la cantidad de recuerdos. Qué raro.
En realidad todo esto es mentira. No recuerdo nada de 1979. Nada.
En 1979 yo era alguien que no sabía quién era. Tenía dos años. No recuerdo nada y sin embargo tengo la certeza de que tampoco he cambiado tanto desde entonces. Bueno, ahora tengo más barba, unas gafas de sol chulísimas y una biblioteca que te cagas. Y pronuncio mejor la palabra: “Mamá”. Pero pronuncio igual de mal la palabra: “Papá”.
Y no sé qué más.
Nada.
En 1979 yo casi tenía cuatro, depende del mes en que se mire. Lo único que recuerdo es que me caí, de una silla de la cocina de azulejos naranjas. Ahí debió empezar todo. El golpe en la cabeza.
ResponderSuprimir:)
p
A mí también me gusta el Diario de Dillinger, ejej
ResponderSuprimirDuda razonable y de interés imaginativo el averiguar qué lectores leyeron a quién y viceversa.
ResponderSuprimirMe gusta la nueva decoración.
ResponderSuprimirTambién me gusta el año 1979
Saludos a todos, amigos, y gracias por vuestros comentarios a esta autobiografía dillingeriana en marcha. Avanzamos poco a poco, año tras año...
ResponderSuprimirSaludos y abrazos.
dillinger, gracias por repasar mi biografía. Yo también naci en tu pueblo, jugué con ese coche y me críe con Barrio Sésamo. No me importan las cosas grandes, para eso tengo a mi vecina, lo importante es lo pequeño: lo delicioso de un bocadillo con los restos del frigorífico cuando hay hambre y poca comida.
ResponderSuprimirSalud.
Perich
Ça marche! Ça marche! Oh yeah
ResponderSuprimirSaludos, amigos, y gracias por vuestra lecttura.
ResponderSuprimirMe alegro de la empatía que te provoca esta breve autobiografía, Perich.
!Oh Yeah!
querido Dillinger, todos estos pedazos del puzzle se tocan en alguna parte, aunque no encajen. y flotan, como los papelitos de colores de los caleidoscopios.
ResponderSuprimirme gusta, mucho, la arqueología de tu memoria y el repaso de los diarios de época. y la posible intersección, brevísima, inadvertida.
en una época leí a Ricardo Piglia. Respiración Artificial fue lo que más me gustó. Hoy es para mí un ladrón, un vulgar chorro de poca monta. perdió un juicio vergonzamente ante la Corte Suprema de Justicia por haber negociado con su editorial la entrega de un premio (por parte de su editorial) para empujar la venta de sus libros. Un escritor que empuja para vender no es un escritor, es un mercenario. No tendría problemas en decírselo en la cara. Ni siquiera tuvo la honestidad ex-post facto de reconocer la evidencia de los hechos, sino que degradó burdamente a su querellante. La corporación "literaria" estrechó filas en su favor, con escasas y honrosísimas excepciones. De tipos así, dudo de todo lo que escriben ...
¡perdón por mi radicalidad! y disparos, muchos disparos.
un abrazo fuerte.
Pájaro de China, me alegro de que te interesen estas breves autobiografías, y me gusta, mucho, la comparación de los papelitos de colores de los caleidoscopios.
ResponderSuprimirRespecto a lo de Piglia, yo no lo había leído hasta ahora. Y de lo que comentas algo había oído, pero no tenía claro exactamente lo que pasó. Si las cosas sucedieron así como las cuentas, con esa falta de honradez, comprendo perfectamente tu radicalidad. Nada tengo que disculpar.
!Saludos y disparos dillingerianos!
LLevo un rato pensando en cómo comentar lo que quiero comentar. Importa el cómo. A menudo he pensado que después de 1971 no han nacido hombres sensibles. La obviedad de mis prejuicios me obliga a no cejar en el empeño de desmontarlos.
ResponderSuprimirA mí lo que me cuesta es pensar que de los nacidos después que yo no me separa un abismo.
Pero mira, no me separa.
Lo que cuentas es lo mejor que he leído hoy, a excepción de Amy Hempel. Pero cómo lo cuentas es lo más importante de hoy. Es diferente a todo. Me resulta familiar, pero también único.
Un abrazo.
Raquel, no es fácil tampoco contestar a tu comentario. Me emociona profundamente. Yo creo que la escritura también está para eso ¿no? Para saltar abismos...
ResponderSuprimirMe alegro que te interese tanto el cómo lo cuento. Para mí es importante.
Muchas gracias por leerme.
Dillinger
Y toda esa gente no sabia nada de ti, en el transito ellos han salido perdiendo, tu los conoces y ellos a ti no, claro que los que ganamos de verdad somo el resto , lo que si te conocemos (leemos)
ResponderSuprimirGracias por tu comentario, señor Black.
ResponderSuprimir!Yo también gano, con lectores así!
Un salud.o
Yo hace mucho que olvidé la manera de recordar. Sólo pequeñas cosas, cada día, me dejan aquí varado en este mar de alfalto con estrellas de neón.
ResponderSuprimirLo peor de que no te acuerdes de lo que hiciste en el año 1979 (yo tampoco) es pensar que hay personas que sí que se acuerdan de una parte de lo que hiciste en el año 1979. Por ejemplo tus padres. Debería haber algún tipo de creencia para exigir memorias robadas.
ResponderSuprimirSi yo volviera a nacer en 1978, pediría que en 1979 me llevaran a ver Manhattan. Seguro que estaría fascinado viendo como la luz cambia en la película (lo demás no lo entendería)
Quiero que sigas ...
ResponderSuprimirquerido dillinger: buscando unas fotos me he topado con tu interesante blog y la verdad es que me ha enganxado mucho. me encanta la forma con la que escribes y las cosas que dices . sinceramente he quedado sorprendida, y mira que no soy de las que van leyendo blogs(sobretodo porque me empiezan a doler los ojos) pero contigo haré una excepción.
ResponderSuprimirvamos sigue así, que ya te has ganado una seguidora de los muchos que tienes.!! ( y mira que en 1979 aún no había nacido...lo que me he perdido..)
Dillinger, tienes esto abandonado.
ResponderSuprimirAunque del barbecho surgen luego intensas cosechas, claro...
salve
Dentro de muy poquito este blog hará un añito.. a lo mejor podemos celebrarlo con un post, no? jiji
ResponderSuprimirEspero que esté teniendo unas buenas vacaciones Mr Dillinger.
Saludos y disparos.
Se está pasando el día del cumple... y ni rastro del post de celebración... bueno... puede ser porque el tiempo siempre es relativo... y quizás usted, Mr Dillinger tenga otra percepción de su paso... could be could be... este podría considerarse, entonces, un lugar atemporal, no?... me resulta una idea muy poética. Quiero vivir aquí dentro, como usted en sus películas, se puede?
ResponderSuprimirEsperemos que nos sorprenda pronto con una nueva entrada.
Waiting impatiently for it.
En 1979, todavía no sabía que existiría, y mucho menos que acabaría encontrando, en agosto de 2010, a Dillinger, asombroso escritor, sin duda.
ResponderSuprimirTus preguntas retóricas estremecen, y el pueblo de 500 habitantes, un lugar en el que crecer pero del que hay que marcharse, ser el habitante 501 no tiene que ser fácil.
me quedo con esta declaración de principios:
¿Por qué escribir sobre lo que importa pudiendo escribir sobre lo que no importa?
Saludos,
VD
hello hello.... Vuelva Sr Dillinger... le esperamos...
ResponderSuprimirGracias a todos por vuestros comentarios. Se agradecen, a pesar del silencio en las entradas.
ResponderSuprimirPerdón por la ausencia y por no haber actualizado en el aniversario, como alguno de vosotros comenta.
En fín. Ya estoy de vuelta.
Dillinger.
Probando
ResponderSuprimirEn 1979, yo estaba a 4 años de venir al mundo; mi madre no se imaginaba mi existencia, aùn no se la imagina.
ResponderSuprimirBuen texto... intigrante lo de papà.