Esta entrada es la continuación del "Boceto del primer capítulo para una autobiografía dillingeriana en marcha", del lunes 28 de septiembre del 2009, presente en este diario.
De 1978 no tengo recuerdos. En noviembre de 1978 cumplo un año de vida. No recuerdo nada de ese cumpleaños. No pedí ningún deseo, no sé si la gente comió tarta o mis hermanos mayores me cantaron “Feliz cumpleaños”. Espero que no, auque no lo sé. Espero que no, porque ahora, siempre que un grupo de amigos me canta una canción de cumpleaños no sé que cara poner. Es difícil saber qué cara poner. Qué cara poner cuando eres el objetivo de una canción, cuando eres el objetivo del objetivo de una cámara. Que cará poner ante las problemas. Incluso qué cara poner ante ciertas formas de felicidad. Qué cara poner. Qué cara poner en la vida. No sé. Y no sé qué cara ponía yo con un año. Cara de niño de un año, supongo. No tengo grabaciones en vídeo ni nada de eso. Vaya. Quizá mejor así. Pero en cierto modo, detesto pensar que otros saben mejor que yo lo que yo hacía en 1978. Pero así es. Claro. Sólo sé lo que ocurrió ese año por los libros, por Internet, por mi afición a los anuarios. Supongo que yo pase la mayor parte del año durmiendo, defecando y tomando leche. Me parece que aquello no existió, pero debió de existir. No es un gran plan, pero es lo que había. Sí. Porque 1978 es el año de “Grease” y de “El último vals”. “El último vals” es el documental que Scorsese hizo sobre el último concierto de “The Band”. Al año de vida yo no escuchaba a “The Band” ni veía películas de Scorsese. Pero después sí. Después, a los quince años o así, me grabé de la tele “El último vals”. Y muy bien. Muy bien el documental. Muy bien las canciones. Sobre todo el final. Cuando sale Dylan. Cuando la cámara baja y se encuentra con el sombrero blanco de Dylan. El sombrero blanco parece un pájaro. O así. Pero yo no lo sabía en 1978, porque sólo tenía un año. Lo supe a los quince años. Momento a partir del cual quise un sombrero blanco como el de Dylan. Dylan, que cantaba en el concierto “Forever Young”. Eternamente joven era yo en 1978. Año en el que tenía un año. Forever young.

En 1978 no existían los blogs, pero yo sí.
¿Qué hacía yo en 1978 que no sabía en 1978? Pues no lo sabía, pero vivía en un pueblo. En un pequeño pueblo. Pero no lo sabía entonces y no sabía tampoco en qué se diferenciaba un pueblo de una ciudad. Ni una ciudad de una gran ciudad. Ni una ciudad de niebla y abrigos tristes de una ciudad festiva y despreocupada. En 1978 le dieron el premio Nóbel de literatura a un tipo que se llamaba Isaac Bashevis Singer, al que no he leído ni conozco. Me gustaría que lo hubiese recibido alguien que yo admiro, pero no me puedo quejar, porque el año en que nací, en 1977 lo recibió Vicente Aleixandre. No está mal. No. Nada mal. Vicente Aleixandre que escribió: "Quiero morir de día, cuando aman los leones,/ cuando las mariposas vuelan sobre los lagos,/ cuando el nenúfar surte de un agua verde o fría,/soñoliento y extraño bajo la luz rosada." Casi nada. Joder con Vicente. Casi nada. Yo también quiero morir de día, cuando aman los leones.

En 1978 no existía Franco, pero yo sí. Porque yo no he vivido al mismo tiempo que Franco. No he vivido al mismo tiempo que Franco, ni Hitler, ni Stalin. Tampoco he vivido al mismo tiempo que Scott Fiztgerald. Pero sí que he vivido al mismo tiempo que Fidel Castro, que Paris Hilton y que los asesinos de Columbine. Pero lo que decía es que yo con un año de vida vivía en un pequeño pueblo. Y que si lo pienso ahora me parece mentira haber vivido en un pueblo donde se iba a por agua a una fuente, se oía a los cerdos gritar y las viejas salían al anochecer a jugar a las cartas a las puertas de su casa. Me parece que esa no es mi vida. Pero era. Y eso lo recuerdo. No cuando tenía un año, pero sí más tarde. Me parece otra vida. También me extraña que en 1978 no existiese el Facebook, ni Al Queda, ni las botas que ahora llevo puestas.
En 1978 no existía el Spotify, pero yo sí.
Yo no sé mucho de lo que ocurría políticamente en 1978. Sí. Ya sé. La constitución. Sí. Ya. La democracia. Ya. Pero es que yo no tengo gran discernimiento sobre temas importantes. Por eso escribo esto. Para ver si así me entero un poco de qué va el cuento. De qué va mi vida. De qué ha ido mi vida. De qué va el resto de mi vida. A ver si esto me ayuda. A ver. Porque andaba yo un poco perdido, y a ver si así me encuentro. A ver dónde me encuentro. A ver.
En 1978 no existía la serie “The Sopranos”, pero yo sí.

En 1978 mi madre tenía treinta y ocho años. Cinco más de lo que tengo yo ahora y ya tenía otros tres hijos. De mis tres hermanos, el más pequeño tenía seis años más que yo. O sea, que en 1978 tenía siete años. Me jode no haber conocido a mis hermanos a edades que ellos sí que me han conocido. Es como si jugasen con desventaja cada vez que recordamos el pasado. En 1978 se estrenó la película “Grease”, pero yo no la vi, porque andaba tomando leche, defecando o durmiendo. Esperé hasta los trece años o así, que vi la peli en el vídeo de un primo mío. Travolta cuando era Travolta y no la figura del museo de cera de Travolta. Y pensé que todo lo que necesitaba para ser feliz en el mundo era un amor de verano, una rubia y una chupa de cuero. Años después conseguí la chupa de cuero. Algo es algo. Pero ahora ya no creo que para ser feliz haga falta todo eso. Con la rubia vale. O con una morena. Casi mejor. Pero en 1978 yo tenía un año. Algo es algo.
En 1978, no existía Leo Messi, pero yo sí.

En 1978, aunque no lo recuerdo, vivía en un pueblo que tenía un río seco y una calle que se llamaba “Onésimo Redondo”. Y vivia en una casa de dos plantas y ladrillo rojo. Y en la misma calle vivían mis abuelos paternos, pues a los maternos nunca los he conocido, y eso que creo que les quiero más a ellos, sin haberlos conocido. ¿Se puede querer más a alguien que no conoces de nada, que a otro con el que compartes la vida? Yo creo que sí. Sin duda. Sí. Mi abuela tenía el pelo blanco y una casa en la que había un organillo de los años treinta. En 1978.
En 1978 yo existía, pero mi primera novia aún no había nacido. En 1978 yo existía, pero Scarlett Johanson aún no había nacido. Aunque mi primera novia y Scarlett Johanson no se parecen en nada. Por desgracia para mí. Por suerte para Scarlett. Con mi primera novia estuve dos años. Dos. Dos, como las dos manos con las que escribo esto. Dos. ¿Cómo era mis manos en 1978?
En 1978 ya se estaba escribiendo mi autobiografía y un día después de cumplir mi primer año de vida, moría Giorgio de Chirico, pintor metafísico. Oh. Ah.

A veces me gustaría subir a un Delorean, irme a 1978 y ver quién era yo por aquellos días. A veces recuerdo vidas que no son la mía. A veces me imagino escenas que yo no he vivido. A veces creo que somos un montón de yoes sucesivos. A veces pienso en todos los que he sido y tengo ganas de llorar. 1978. Todo esto que es mi vida no hacía más que empezar. Todo esto. La escritura, la risa, el llanto, el alcohol, las pelis, la belleza, las dudas, la vida como una cuerda de equilibrista, y el resto del absurdo.
En 1978 no existía mi diario, pero yo sí.
1978. Se estrena en Estados Unidos la película “Superman”. Me gustaría volar, como Superman. Y tener rayos X en los ojos. Como Superman. Me gustaría ser un superhéroe. Eso es lo único que quería ser durante toda mi infancia. No en 1978, pero sí después. Eso es lo que quería. Yo creo que casi todos los chicos quieren ser superhéroes. Después te das cuenta de que es más dificil de lo que parece. Y están las oposiciones, los funcionarios y los formularios. Y todo es más gris y absurdo. Y pasas el día más furioso sin saber a qué se debe. Y eso. Quería ser Superman. Ja. Pero lo único que tengo de Superman son los posavasos que tengo en casa, que tienen imágenes de cómics de Superman. Algo es algo. Ese es un lema un poco triste, pero un lema al fín y al cabo. "Algo es algo". Quería ser Superman y tengo posavasos de Superman. Eso quizá diga algo de la distancia entre los sueños y la manera de acercarlos a la realidad. Algo no muy bueno. Pero bueno. 1978.

En 1978 yo era besado, pero no era besador. En 1978 yo era admirado, pero no admirador. En 1978 yo tenía un año. Vivía en plenos años setenta y ni siquiera tenía pantalones de campana. En 1978.
Ahora no sé qué versos se escribieron en 1978. Y me gustaría saberlo. Pero estoy demasiado cansado.
Un año de vida. El principio del resto de la carrera. El primer metro de los cien metros lisos. No hacía más que comenzar la competición. Y ya era todo tan extraño como ahora. Igual. Siempre igual.
En 1978 no existía mi melancolía, pero yo sí. Qué raro.
En 1978 no existía mi melancolía, pero yo sí. Qué raro.
En el '78 yo tenia dieciséis años. Festejaba que Argentina se había consagrado campeona del mundo de fútbol. Los milicos también celebraban. Y Sacarlett Johanson tampoco había nacido.
ResponderSuprimir...Es curioso, Dillinger, en enero de 1978 yo no existía, pero en diciembre de 1978, sí...
ResponderSuprimir...¿No te pasa, a veces, cuando ves fotos de, por ejemplo, 1980, que sí recuerdas el momento exacto en que te la tomaron?...
...Yo tiro de esos recuerdos casi místicos para saber quién era cuando tantas cosas no existían, pero yo sí...
...Un abrazo, hermano...
Yo existía en el 78. Y pensaba. Y decidí. Y lo hice.
ResponderSuprimirY aquí estoy desde mucho antes del 78
Mi abuela también tenía el cabello blanco y una gran radio, de aquellas de sobre mesa en la que escuchaba la novela y mi abuelo escuchaba las noticias.
Un abrazo
En 1978 Pedro Casariego Córdoba escribía los versos de "La risa de Dios"
ResponderSuprimirHola,
ResponderSuprimirBlanco, Miguel Ángel, Madison y Ana.
En 1978 Argentina ganó el mundial. Qué grande Argentina. Miguel Ángel comenzaba a existir en Diciembre. Y la abuela de madison tenía una gran radio. Maravillosas esas grandes radios. Como en "El enorme receptor de radio" , el cuento de Cheever. Y Pedro Casariego escribía "La risa de Dios". Yo, que no sabía qué versos se escribían allá por 1978, ya conozco algunos. Y no están nada mal. Nada mal.
Saludos a todos desde 2010.
Dillinger.
dillinger
ResponderSuprimirespero tus visitas y la continuación de este proyecto autobiográfico en marcha
Claudia,
ResponderSuprimirhe estado sin tiempo, terminando de escribir un libro de relatos, comenzando otro proyecto y trabajando en otros asuntos. Y seguiré con este proyecto autobiográfico. Ya sólo quedan otros treinta y un años. Saludos.
En 1978, estudiaba, escribía y paseaba amores. En 2010, trabajo, escribo y paseo amores. La vida no cambia tanto. Sólo los escenarios, los personajes y poco más.
ResponderSuprimirEn 1978 Cassius Clay pierde el título de campeón mundial de los pesos pesados ante un desconocido León Spinks. Mal año para la lírica.
ResponderSuprimirSeguramente sea eso cierto, Isabel, la vida no cambia en esencia, sólo el decorado. Thornton, Cassius Clay era grande y si perdió, no hay duda, mal año para la lírica. Cassius Clay, que bailaba con los pies y castigaba con los puños. Cassius Clay. Saludos, amigos.
ResponderSuprimirMe encanta
ResponderSuprimiren 1978, Dillinger existía. Yo no.
Un beso y gracias por tu texto.
Pues en 1978 yo tenía 9 años y ya había abandonado la idea de escribir una historia de mi vida. Fue una ocurrencia de los ocho y acabé muy pronto. Nunca he vuelto a sentir la tentación, tal vez porque la idea me llena de una rara pereza melancólica... sin embargo, me gusta mucho leer las vidas de otros.
ResponderSuprimirBuen texto.
En 1978 me gustaría haber tenido unos cinco anños, pero no. Todavía faltarían otros diciseis para llegar a esos cinco. Jo.
ResponderSuprimirDillinger, confieso que estoy enganchada a tus letras, y me temo que la condena se prolongará largo tiempo. Brindo por ello.
Saludos!
Ana, Olga B, y Karusica, encatando quedo con vuestra visita. Agradecido quedo por vuestras palabras. Me alegro que os guste el texto. Brindo por ello yo también. Seguiremos con la autobiografía dillingeriana. Poco a poco. Paso a paso. Saludos y abrazos.
ResponderSuprimir¡Joder, Dillinger, el 78! En el 78 yo estaba en la "mili" -¿quién se acuerda ya de la "mili"?-, hice el amor por primera vez, me afeitaba todos los días una pelusilla indecente, tenía "fiebre los sábados por la noche", leía a Cortázar y a Miguel Hernández, jugaba al baloncesto y ya emborronaba versos con una torpeza indecorosa.
ResponderSuprimir¡Ah!, y Argentina, y mira que me gusta Argentina, fue campeona del mundo robándole la final a Holanda después de un apaño escandaloso contra Perú en las semifinales.
Abrazo.
Elías
Pues hablando de mili, en el 78 antes de que los chicos marcharan a la mili se celebraba una fiesta, la fiesta de despedida de los quintos.
ResponderSuprimirDios!!! creo que hablo de la prehistoria
en 1978 yo llevaba pantaloncitos de campana y cantaba "una piedra en el camino...",y también soñaba con vengarme de Sor Reyes por haberme robado mi libro de "Heidi".
ResponderSuprimirElías. Yo, de mili, nada de nada. Llegué tarde, por suerte. Aunque ha dado su literatura, claro. Y en los recuerdos parece todo tan lejano. Y extraño. Y como la vida de otro ¿no? Abrazos. 1978. Qué año.
ResponderSuprimirMadison. Los quintos. Sí. Suena a otro siglo. Era de otro siglo. Saludos una vez más.
Dono. Algún día pillaremos a Sor Reyes y arrebataremos ese ejemplar de Heidi. Buscaremos en sus cajones. Te lo devolveremos. Claro que sí. Un abrazo poético, Dono.
1978. Tenía yo un año y vivía en un casa de ladrillo rojo. Y seguiremos año tras año escribiendo nuestra vida...
Abrazos.
leo un libro en el que aparece Dillinger,
ResponderSuprimirte leo y existes
también
aquí
Existo Dillinger. Existe Luna.
ResponderSuprimirEn 1978 no, pero ahora sí.
Y es una suerte.
Saludos Dillingerianos.
yo no existia en 1978.pero naci en el 88..no me acuedo de ese año.supongo que tambien dormia,defecaba y comia.lo unico que deseo me pase en esta epoca.
ResponderSuprimirEn 1978 aprobé unas odiosas (como todas) oposiciones, y remitió mi úlcera.
ResponderSuprimirJoder, qué bonito Dillinger..., a pesar de que yo no existía aún el 1978 (me faltaban un par de años), me siento competamente identificada con todo eso. Menudos revivals se hacen con las vidas de los otros. Con los protagonistas. Y con los dos últimos párrafos. abrazos.
ResponderSuprimirMaria Virginia, envidio tu juventud. Fuencisla, enhorabuena retrospectivo por tu aprobado. Ingrid, muchas gracias. Voy a seguir paso a paso escribiendo cada año de mi vida hasta la actualidad de este modo. Ya queda poco para llegar al año en que naciste. Saludos y abrazos.
ResponderSuprimirLa gente siempre me pregunta por qué me pregunto o me sorprendo cuando recaigo en lo que existía o no en un momento particular de encuentro o desencuentro entre dos materias confusas.
ResponderSuprimirEn el 78 yo no existía, y hasta el 90 que no lo haría. Y el paréntesis, ¡acaso me encuentro allí todavía!
Gracias por este recorrido Dillinger.
;)
Buenísima autobiografía. Quiero leer más.
ResponderSuprimirEn 1978 los poetas adolescentes leían a Kavafis y estaba de moda en la Universidad unos libros difíciles de leer, extremadamente literarios, y mágicos: "El Cuarteto de Alejandría", de Lawrence Durrell. El primero, "Justine", es impactante.
Años después descubriría al maravilloso hermano pequeño y sus historias de Corfú, que para mí son de lo mejor que se puede leer.
En 1978 yo viví el año más desmadrado de mi vida. El desmadre era general. La palabra de moda era "Libertad".
"El País"tenía dos años de vida. Al año siguiente se abriría "El sol"de Jardines y eclosionaría la movida en todo su esplendor, que en realidad consistió en la mezcla más variopinta de toda clase de gentes que no tenían nada que ver entre sí. En una fiesta de la movida podías ver desde ministros hasta los punkis más radicales, pasando por toda clase de artistas a cual más loco.
En 1978 yo viví sola por primera vez. Era muy pequeña. Fue genial. Un año genial.
Saludos, Portinari, gracias por tu lectura.
ResponderSuprimirBlanca, estoy escribiendo año a año esta autobiografía express hasta llegar al año actual. Espero ir colgando alguno de esos años. Veremos si me aguanta la paciencia y el ánimo.
Abrazos.
Estoy deseando que llegue el 82.
ResponderSuprimir