Escribir para abrir un agujero en una pared. Como si tuviésemos un taladro entre las manos. Un agujero en la pared. Un agujero por el que mirar el mundo. Escribir para abrir una puerta en el muro, como en la historia de H.G Wells, La puerta en el muro. Escribir para mirar a través del muro. Para abrir esa puerta. Para ver ese jardín detrás del muro.
Escribir con las manos encendidas y con el cerebro apagado.
Escribir sobre lo que dijo Perec. El gran Perec. Perec que tenía el pelo como Krusty el payaso. Perec que tenía el pelo como Punset. Perec que tenía el pelo como Doc de Regreso al futuro. Es curioso, porque los dos, Perec y Doc, construyeron máquinas para viajar al pasado. Doc, una máquina del tiempo en un coche De Lorean. Perec escribiendo sus Me acuerdo. Yo me acuerdo de Regreso al futuro. Me acuerdo de Michael J. Fox. Me acuerdo de Perec. De lo que escribió Perec en Especies de espacios. Me acuerdo.
"Obligarse a escribir sobre lo que no tiene interés, lo que es más evidente, lo más común, lo más apagado."
Eso es lo que yo llamo una lección.
Y también otro párrafo, del mismo libro. Infinito libro. Maravilla editada en España por la editorial Montesinos. Gracias, Montesinos.
"El mundo, no ya como un recorrido que hay que volver a hacer sin parar, no como una carrera sin fin, un desafío que siempre hay que aceptar, no como el único pretexto de una acumulación desesperante, ni como ilusión de una conquista, sino como recuperación de un sentido, percepción de una escritura terrestre, de una geografía de la que habíamos olvidado que somos autores."
Escribir en las paredes de casa y escribir en los troncos de los árboles. Como amantes que quieren dejar una huella de lo que les resulta impronunciable.
Escribir con un abecedario inventado.
Escribir con las manos en el fuego. Escribir con el fuego y con la furia.
Escribir desde el amor y desde el asco.
No sólo escribir. También soñar con escribir.
Escribir del mismo modo que juega Leo Messi, con el balón pegado a la bota sin dejar de avanzar. Con las palabras pegadas a las manos, pero sin dejar de avanzar.
Escribir para Dios y para el Diablo.
Escribir como dijo Clarice Lispector.
"Escribo porque no tengo nada que hacer en el mundo: estoy de sobra y no hay lugar para mí en la tierra de los hombres. Escribo por mi desesperación y mi cansancio, ya no soporto la rutina de ser yo, y si no existiese la novedad continua que es escribir, me moriría simbólicamente todos los días."
Escribir, sobre todo, lo que hay entre las palabras. Escribir, sobre todo, lo que hay detrás de las palabras. Lo que hay debajo. Lo que hay encima. Lo que hay en el centro de la O y lo que hay entre el punto y la I.
Escribir con la ilusión de que algo se puede decir. Ja.
Escribir para alabar la belleza y para crear nuevas formas de belleza.
Escribir sin pontificar. Sin dar sermones. Sin solemnidad. Escribir sin talibanismos literarios. Sin hacerse el listo. Sin mirar por encima del hombro al que lee. Escribir mirando a los ojos.
No escribir para molar. Escribir para no molar.
Escribir, porque como Oliverio Girondo no tenemos una personalidad. "Yo soy un cocktail, un conglomerado, una manifestación de personalidades". Escribir para que cada una de nuestras personalidades pueda tener su voz. Escribir para que cada uno de los que nos habitan puedan salir a la vida.
Escribir con la baba, con el sudor, con la sangre y con el semen.
Escribir con las lágrimas, con la risa, con el humo y con el alcohol.
Escribir atentos a lo que la vida escribe, como aquello que dijo Marguerite Duras.
“Todo escribe a nuestro alrededor, es lo que hay que llegar a percibir. Todo escribe”.
Escribir con el músculo.
Escribir como quien sube a un ring.
No escribir para impresionar.
Escribir como quien arroja una piedra a un lago. Esperando que se formen círculos concéntricos.
Escribir mensajes en botellas y lanzarlas al mar. Escribir para todos los náufragos que agonizan en sus propias islas.
Escribir para sobrevivir. Eso es lo que quería decir. Escribir para sobrevivir.
Escribir como aquello que decía Ángel González. Sin esperanza, con convencimiento.
Escribir como una forma de oración.
Escribir en los cuerpos. Y después arrepentirse de lo escrito y no poder borrarlo porque está escrito en la piel. Valentía de la escritura en el cuerpo. Osadía de la escritura en la carne.
Escribir sabiendo que se trata de una enfermedad incurable. El cáncer de la escritura.
Escribir como dicen que escribía Bolaño, de ese modo febril. Que olvidaba ir al médico. Que olvidaba comer. Escribir como dicen que escribía Balzac. Catorce horas a base de café sin levantarse de la silla.
Escribir sin pensar en los daños colaterales. Escribir a pesar de las consecuencias.
Escribir como lo que dice Vila-Matas en Dietario Voluble.
"Uno no empieza a tener algo de lo que escribir y entonces escribe sobre ello. Es el proceso de escribir propiamente dicho el que permite al autor descubrir lo que quiere decir. En ocasiones lo que quiere decir es que el silencio que viene del techo es un silencio diferente, no un silencio ahogado, no el silencio del vacío, sino el silencio de lo que está lleno, por no decir repleto"
Escribir como un pirómano, no como un bombero.
Escribir para no olvidar. Escribir para olvidar.
Escribir sin paracaídas.
Escribir como canta Nick Drake. Poor Boy.
Escribir como esculpía Juan Muñoz.
Escribir como mira Wong Kar-wai.
Con ese asombro.
De ese modo impronunciable.
Escribir así.
O de otro modo.